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[VIDEO] Papa Francisco: La Iglesia educa con acciones de misericordia y no con lecciones teóricas


VATICANO, 10 Sep. 14 / 09:25 am (ACI/EWTN Noticias).- "La Iglesia se comporta como Jesús. No nos da lecciones teóricas sobre el amor, sobre la misericordia”, sino que la pone en práctica, afirmó este miércoles el Papa Francisco durante la Audiencia General, en la que alentó a los fieles a ser misericordiosos especialmente con los que no pueden correspondernos, “como ha hecho el Padre con nosotros, donándonos a Jesús”.


“Así Iglesia es la Madre, enseñando a sus hijos las obras de misericordia. Ella ha aprendido de Jesús este camino, ha aprendido que esto es lo esencial para la salvación”, afirmó el Papa a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.


A continuación la catequesis completa gracias a la traducción de Radio Vaticana:


Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!


En nuestro itinerario de catequesis sobre la Iglesia, estamos considerando que la Iglesia es madre. La vez pasada hemos subrayado cómo la Iglesia nos hace crecer y con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios, nos indica el camino de la salvación y nos defiende del mal. Hoy quisiera subrayar un aspecto particular de esta acción educativa de nuestra madre Iglesia, es decir, cómo ella nos enseña las obras de misericordia.


Un buen educador se concentra en lo esencial. No se pierde en los detalles sino que quiere transmitir lo que verdaderamente cuenta, para que el hijo o el alumno encuentren el sentido y la alegría de vivir. Es la verdad. Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Lo esencial del Evangelio es la misericordia. Dios ha enviado su hijo, Dios se ha hecho hombre para salvarnos, es decir, para darnos su misericordia. Lo dice claramente Jesús, resumiendo su enseñanza para los discípulos. “Sean misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso”. ¿Puede existir un cristiano que no sea misericordioso? No. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso, porque esto es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede más que repetir la misma cosa a sus hijos: “Sean misericordiosos”, como lo es el Padre y como lo ha sido Jesús. Misericordia.


Y entonces, la Iglesia se comporta como Jesús. No nos da lecciones teóricas sobre el amor, sobre la misericordia. No difunde en el mundo una filosofía, una vía de sabiduría…Cierto, el Cristianismo también es todo esto, pero como consecuencia, como reflejo. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras sirven para iluminar el significado de sus gestos.


La madre Iglesia nos enseña a dar de comer y dar de beber a quien tiene hambre y sed, a vestir a quien está desnudo. Y ¿cómo lo hace? Lo hace con el ejemplo de tantos santos y santas que han hecho esto en modo ejemplar: pero lo hace también con el ejemplo de tantísimos papás y mamás, que enseñan a sus hijos que lo que nos sobra, es para quien no tiene lo necesario. Es importante saber esto. En las familias cristianas más simples ha sido siempre sagrada la regla de la hospitalidad: no falta nunca un plato y una cama para quien tiene necesidad. Una vez, una mamá me contaba, en la otra diócesis, que quería enseñar esto a sus hijos y les decía que hay que ayudar y dar de comer a quien tiene hambre. Tenía tres hijos, Y un día en el almuerzo – el papá estaba afuera, en el trabajo – ella estaba con los tres hijos, chiquitos: siete, cinco y cuatro años, más o menos. Y llaman a la puerta y estaba un señor que pedía de comer. Y la mamá le dijo: “espera un momento”. Entró y les dijo a los hijos: “hay un señor allí que pide de comer ¿qué hacemos? ¡Le damos mamá, le damos! Cada uno tenía en el plato un bife con papas fritas. Y “le damos, le damos”… Muy bien. Tomemos la mitad de cada uno de ustedes y le demos la mitad del bife de cada uno de ustedes. “¡Ah, no mamá, así no va! Es así, tú debes dar de lo tuyo. Y así, esta mamá, enseñó a los hijos a dar de comer de lo propio. Éste es un hermoso ejemplo que a mí me ha ayudado tanto. “Pero, no me sobra nada…” Pero ¡da de lo tuyo! Así nos enseña la madre Iglesia. Y ustedes, tantas mamás que está aquí: saben que es lo que tienen que hacer para enseñar a sus hijos para que ellos compartan sus cosas con el que tiene necesidad.


La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está enfermo. ¡Cuántos santos han servido a Jesús en este modo! Y cuántos simples hombres y mujeres, cada día, ponen en práctica esta obra de misericordia en una habitación de hospital, o en una casa de reposo, o en la propia casa, asistiendo a una persona enferma.


La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está en la cárcel. “Pero padre, no, esto es peligroso, es gente mala”. ¡Pero cada uno de nosotros es capaz! Escuchen bien esto: cada uno de nosotros es capaz de hacer lo mismo que ha hecho aquel hombre o aquella mujer que están en la cárcel. Todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida. ¡No es más malo de ti o de mí!


La misericordia supera todo muro, toda barrera y te lleva a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona, y es la misericordia que cambia el corazón y la vida que puede regenerar una persona y permitirle de integrarse de nuevo en la sociedad.


La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está abandonado y muere solo. Es lo que ha hecho la beata Teresa por las calles de Calcuta; es lo que han hecho y hacen tantos cristianos que no tienen miedo de apretar la mano a quien está por dejar este mundo. Y también aquí, la misericordia dona la paz a quien parte y a quien se queda, haciéndonos sentir que Dios es más grande que la muerte y que permaneciendo en Él, también la última separación es un “hasta pronto”. Lo había entendido bien esto la beata Teresa. Pero le decían: “Madre, esto es perder el tiempo”. Y ella encontraba gente moribunda por la calle, gente a la cual los ratones de la calle le comenzaban a comer el cuerpo. Y ella, los llevaba a casa para que murieran limpios, tranquilos, acariciados, en paz. ¡Ella les daba el “hasta pronto” a todos ellos, eh! Y tantos hombres y mujeres, como ella, han hecho esto. ¡Los esperan, allí en la puerta, para abrirles la puerta del Cielo! Ayudar a la gente a morir bien, en paz.


Queridos hermanos y hermanas, así Iglesia es la madre, enseñando a sus hijos las obras de misericordia. Ella ha aprendido de Jesús este camino, ha aprendido que esto es lo esencial para la salvación. No basta amar a quien nos ama. Jesús dice que esto lo hacen los paganos. No basta hacer el bien a quien nos hace el bien. Para cambiar el mundo y mejorarlo, es necesario hacer el bien a quien no está en condiciones de correspondernos, como ha hecho el Padre con nosotros, donándonos a Jesús. Pero ¿cuánto hemos pagado nosotros por nuestra redención? ¡Nada! ¡Todo gratis! Hacer el bien sin esperar otra cosa en cambio, así, en contracambio. Así ha hecho el Padre con nosotros y nosotros debemos hacer lo mismo. ¡Haz el bien y sigue adelante! ¡Qué hermoso es vivir en la Iglesia, en nuestra madre Iglesia que nos enseña estas cosas que nos ha enseñado Jesús!


Demos gracias al Señor, que nos da la gracia de tener como madre a la Iglesia, ella, que nos enseña el camino de la misericordia, que es el camino de la vida. Demos gracias al Señor.

Sínodo de obispos: Iglesia debe acercarse a parejas en dificultad con misericordia

Pa pa Fr an cis co: Estén en guardia porque el diablo nunca descansa


VATICANO, 10 Oct. 14 / 05:01 pm (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco exhortó a los fieles a mantener sus corazones siempre en guardia haciendo una práctica antigua, pero muy buena, el diario examen de conciencia; porque el diablo nunca descansa en su deseo de tentar a los hombres.


El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día, en que se nos dice que el diablo jamás deja de tentarnos porque “tiene paciencia” y por eso vuelve con el fin de obtener “nuestra alma”.


“Después de las tentaciones en el desierto, cuando Jesús fue tentado por el diablo, en la versión de Lucas se dice que el demonio lo dejó por un tiempo, pero durante la vida de Jesús volvía y volvía: cuando lo ponían a prueba, cuando le tendían trampas, en la Pasión, hasta en la Cruz. ‘Pero si Tú eres el Hijo de Dios, ven, ven con nosotros, así nosotros podemos creer’. Y todos nosotros sabemos que esta palabra toca el corazón: ‘¿Pero tú eres capaz? ¡Házmelo ver! No, no eres capaz’. Como el diablo hizo hasta el final con Jesús. Y así con nosotros”.


Es necesario custodiar nuestro corazón donde habita el Espírito Santo “para que no entren los demás espíritus”. “Custodiar el corazón, como se custodia una casa, con llave”. Y después, vigilar sobre el corazón, como un centinela.


“Cuántas veces entran los malos pensamientos, las malas intenciones, los celos, las envidias. Tantas cosas, que entran. ¿Pero quién ha abierto aquella puerta? ¿Por dónde han entrado?”. El Papa dijo que si no nos damos cuenta de cuanto entra en nuestros corazones, estos se convierten “en una plaza, donde todos van y vienen. Un corazón sin intimidad, un corazón donde el Señor no puede hablar y ni siquiera ser escuchado”.


“Y Jesús dice otra cosa allí – ¿no? – que parece un poco extraña: ‘Quien no recoge conmigo, desparrama. Usa la palabra ‘recoger’. Tener un corazón recogido, un corazón sobre el cual nosotros sabemos qué cosa sucede, y aquí y allá se puede hacer la práctica tan antigua de la Iglesia, pero buena: el examen de conciencia”.


“¿Quién de nosotros, a la noche, antes de terminar la jornada, permanece solo, sola, y se hace la pregunta: qué cosa ha sucedido hoy en mi corazón? ¿Qué cosa ha sucedido? ¿Qué cosas han pasado a través de mi corazón? Si no lo hacemos, verdaderamente no sabemos vigilar bien ni custodiar bien”, preguntó.


Francisco dijo que el examen de conciencia “es una gracia, porque custodiar nuestro corazón es custodiar el Espírito Santo, que está dentro de nosotros”.


“Nosotros sabemos, Jesús habla claramente, que los diablos vuelven, siempre. También al final de la vida, Él – Jesús – nos da el ejemplo de esto. Y para custodiar, para vigilar, para que no entren los demonios, es necesario saber recogerse, es decir, entrar en silencio ante sí mismos y ante Dios, y al final de la jornada preguntarse: ‘¿Qué cosa ha sucedido hoy en mi corazón? ¿Ha entrado alguien que no conozco? ¿La llave está en su lugar?’. Y esto nos ayudará a defendernos de tantas maldades, incluso de las que nosotros podemos hacer, si entran estos demonios, que son muy astutos, y al final nos estafan a todos”, aseguró.

Sínodo 2014: Últimas Noticias

Papa Francisco: La Iglesia es una madre sin fronteras para el migrante


VATICANO, 21 Nov. 14 / 10:32 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco señaló esta mañana que “la Iglesia es una madre sin límites ni fronteras que acoge al inmigrante”, durante la audiencia que ha concedido esta mañana en el Vaticano a los participantes del VII Congreso Mundial de la Pastoral de los Migrantes que se ha celebrado esta semana en Roma.


En su mensaje, el Santo Padre ha reconocido que “por desgracia, los migrantes a menudo viven en situaciones de frustración, de desesperación y soledad, y añadiría de marginación”.


Para Francisco, “'la Iglesia, además de ser una comunidad de creyentes que reconoce a Jesucristo en los rostros de los demás, es una madre sin fronteras y sin límites. Es madre de todos y se esfuerza por alimentar la cultura de la acogida y la solidaridad, en que ninguno es inútil, está fuera de lugar o es para descartar”.


El Santo Padre dijo luego que “el trabajador migrante está a mitad entre la erradicación y la integración. Y es aquí donde la Iglesia quiere ser un lugar de esperanza: elabora programas de formación y sensibilización; levanta su voz en defensa de los derechos de los migrantes; proporciona asistencia, incluida la material, sin excepciones para que todos sean tratados como hijos de Dios”.


Por esto, “en el encuentro con los migrantes, es importante adoptar una perspectiva integral, capaz de mejorar su potencial en lugar de ver en ellos sólo un problema que resolver... Esto requiere que se establezcan para todos niveles mínimos de participación en la vida de la comunidad humana. Y todavía es más necesario en la comunidad cristiana, en la que nadie es un extraño y, por lo tanto, todo el mundo merece acogida y apoyo''.


En opinión, del Santo Padre, los migrantes, “con su propia humanidad, incluso más que con sus valores culturales, amplían el sentido de la fraternidad humana. Al mismo tiempo, su presencia es un recordatorio de la necesidad de erradicar la desigualdad, la injusticia y la opresión. De esta manera, los migrantes pueden convertirse en socios en la construcción de una identidad más rica para la comunidad que los acoge, estimulando el desarrollo de sociedades inclusivas, creativas y respetuosas de la dignidad de todos''.


Sobre la labor de la Iglesia en este campo, recordó que “la comunidad cristiana, se esfuerza continuamente en acoger a los emigrantes y en compartir con ellos los dones de Dios, especialmente el don de la fe”.


Además '”promueve proyectos en la evangelización y en el acompañamiento de los migrantes a lo largo de su viaje, empezando por el país de origen a través de los países de tránsito hacia el país de acogida, con especial atención a satisfacer sus necesidades espirituales a través de la catequesis, de la liturgia y la celebración de los sacramentos”.


En este sentido, el Pontífice subrayó que “los agentes de pastoral desempeñan un valioso papel invitando al diálogo, a la acogida y a la legalidad y un papel de mediación con las personas del lugar de llegada. En los países de origen, en cambio, la proximidad a las familias y a los jóvenes con padres migrantes puede mitigar los efectos negativos de su ausencia”.


La inmigración, por tanto, “sigue siendo una aspiración a la esperanza, a pesar de los acontecimientos dramáticos registrados en los últimos años”.

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